Volverás
Ya pasé este momento incontables veces. Por un lado, me tranquiliza adelantarme a los hechos, descansar en la seguridad de las estadísticas y los patrones.
Pero por otro lado, me aburre anticiparme a lo que va a suceder, como me aburre mirar una carrera de TC un domingo. Bah, eso en realidad me deprime.
Gente fea, fea, sentada en sus reposeras, con mates grabados con tres estrellas, mirando pasar autos estéticamente horribles. No se sabe si arruinan más sus tímpanos con el ruido o sus pulmones tragando monóxido de carbono y polvo. Todo ese espectáculo tan... brutalista. No entiendo la emoción de ver 94 vueltas, cuando deben ser emocionantes —como mucho— las últimas tres.
No me expliquen nada porque no me interesa en lo más mínimo reservar espacio en mi mente para almacenar datos sobre el TC. Ya tengo suficiente con haber leído La náusea. En fin, cada uno elige cómo quiere matarse mientras intenta olvidarse que se va a morir.
¿Y quién soy yo para hablar de decisiones? Tuve que hacer terapia de conversión e hipnosis para dejar de tomar dos litros de Coca Cola por día. Ahora reemplacé esa adicción por tres litros de Coca, pero Zero. Estoy seguro de que igual me estoy arruinando la vida. Pero qué rica una Coca helada con tres hielos al lado de la computadora. Quién soy yo para criticar los placeres ajenos.
PERO DALE. ¿TC? ¿EN SERIO?
¿Eso es lo que elegiste para olvidar que el lunes te despertás a las 7 a.m. como los últimos mil lunes y los próximos dos mil?
Bueno, lo admito: aunque diga que me aburre, me encanta saber lo que va a suceder.
El que se va con tanta estridencia es probable que vuelva rápido. Es todo puesta en escena. Patetismo disfrazado de dramatismo (que no están tan alejados; es como ser policía y disfrazarse de gendarme, es el primer ejemplo que se me ocurrió).
No hay profundidad en esas decisiones estrambóticas y rimbombantes.
Manipulación pura. Actitudes de pick me, hechas para generar una reacción.
En este momento, está contando el cronómetro para ver cuánto tarda esta vez en volver.
La única persona que jamás regresó a mi vida se fue sin decirme nada. Ni una explicación, ni despedida. Icónica in my books. Pero ella va a volver. Me va a buscar.
La dignidad es un concepto escaso en la composición de su personalidad.
La autonomía moral abandonó su chat desde que el guionista de su vida la dotó de ausencia de padre.
Qué contradicción semántica del carajo.
Lo único que todavía me emociona es la forma en que va a elegir aparecer. Ahí sí. Porque en eso —en esa entrada en escena que nunca se repite igual— es, de verdad, impredecible. Bueno... no sé si la palabra es "emociona". Me divierte. Un poco. Lo justo y necesario. Como cuando te quedás mirando a esos artistas callejeros que están por saltar una cuerda sostenida por dos transeúntes.
Ni siquiera te detenés.
Solo caminás más lento para ver el momento de la acrobacia…y seguís.
Me da morbo su show.
Volverá, porque nunca puede irse del todo.

No puede irse porque sin nosotros que lo leemos no existe. Es pura vanidad, como todos los inventos.
Me encanta el regreso de Dante🔥